/
Compartir
Lejos de entender el encargo como un dato previo o una instrucción cerrada, ambas exposiciones lo situaron como un campo de trabajo. No se trata solo de responder a un requerimiento, sino de construir una lectura: identificar lo que está dado, reconocer lo que falta y establecer una posición frente a ello. En ese desplazamiento, el proyecto deja de ser una solución y pasa a ser una toma de posición disciplinar.
Así, el encargo aparece como una oportunidad para articular una mirada crítica y situada sobre la arquitectura. Una instancia que exige operar simultáneamente sobre variables contextuales, materiales y culturales, no como capas independientes, sino como un sistema de relaciones que el proyecto debe ordenar, tensionar y hacer visible.
La presentación de Sebastián Cruz se estructuró a partir de tres proyectos que permiten distinguir aproximaciones al diseño entendidas como operaciones fundamentales: elemento, campo y sistema. Estas no se plantean como categorías abstractas, sino como modos concretos de trabajo que organizan el inicio de la formación disciplinar. En esa misma lógica se estructura el primer semestre del taller de primer año.
El primero de ellos, Turbatol Hol-Hol Tol, se desarrolla desde el estudio de la turbera como elemento natural. A partir de la observación de sus propiedades físicas y espaciales, el proyecto no representa el fenómeno, sino que lo traduce: una malla construida para el pabellón de Chile en la Bienal de Arte de Venecia 2022 que opera como dispositivo material de esa condición. El elemento deja de ser un dato para convertirse en una regla de transformación.
El segundo proyecto, Casa I, es presentado desde la noción de campo. La vivienda ocupa la totalidad del terreno mediante un pabellón de cinco metros de ancho que se extiende de extremo a extremo. Más que un objeto aislado, el proyecto construye una condición continua, donde interior y exterior se relacionan a través de perforaciones laterales que desdibujan el límite. El campo no se define por una forma, sino por la manera en que organiza relaciones.
El tercer proyecto, Caballerizas Tambo Colorado, se aborda desde la lógica de sistema. Emplazado en Perú, en un terreno de 65 por 250 metros, el diseño abandona la tipología tradicional de caballeriza y propone un conjunto de piezas dispersas que se organizan en el territorio a partir de una trama reticular. El sistema no es solo una estrategia de orden, sino una forma de construir coherencia entre partes autónomas.
En la segunda jornada, titulada La arquitectura, respuesta a un encargo, Juan Sabbagh abordó el problema desde la práctica profesional. A través de una serie de obras, planteó que no existe arquitectura sin encargo, en tanto este constituye el punto de partida que articula programa, lugar y recursos disponibles. El encargo no aparece aquí como una restricción, sino como la condición misma de posibilidad del proyecto.
Desde esa perspectiva, Sabbagh insistió en la relación entre proyecto y realidad, subrayando que la arquitectura alcanza su plena condición en la construcción. El contexto deja de ser un marco pasivo para convertirse en una variable activa que informa y orienta las decisiones de diseño. En este proceso, el carácter colectivo del trabajo adquiere un rol central: el arquitecto no opera en solitario, sino como un mediador capaz de integrar variables diversas y conducirlas hacia una solución pertinente mediante un proceso de exploración y ajuste.
En conjunto, ambas actividades instalan una reflexión sobre la formación en arquitectura. Comprender el encargo no como una instrucción cerrada, sino como un campo de posibilidades desde el cual es posible construir propuestas.
En ese cruce entre la experiencia pedagógica y la práctica profesional, el proyecto aparece como una forma de conocimiento: una manera de leer, organizar y transformar la realidad a través de la disciplina.