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En el texto, García sostuvo que la ciclovía no constituía un lujo, sino una infraestructura crítica, destacando que su implementación había permitido mejorar de manera significativa las condiciones de una ruta previamente deficiente y riesgosa en el bandejón central. Asimismo, enfatizó que el tramo entre Teatinos y Vicuña Mackenna había fortalecido la conectividad hacia la zona oriente, por lo que consideró fundamental dar continuidad al proyecto.
El autor también contextualizó su argumento en experiencias internacionales, señalando que países como Países Bajos adoptaron políticas de movilidad sostenible tras la crisis del petróleo en los años 70, transformándose en referentes globales en infraestructura ciclista, independientemente de factores geográficos o climáticos.
Finalmente, destacó el crecimiento sostenido del uso de la bicicleta en Chile durante la última década, indicando que en 2025 se registraron 1,5 millones de viajes en este medio de transporte, según datos de Cedeus. A su juicio, estos avances evidenciaban una oportunidad para consolidar una ciudad más equitativa y acorde a los cambios en los patrones de movilidad.
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