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¿Puede ser el proyecto arquitectónico un lugar para invertir las relaciones asimétricas que tensionan la ciudad? Esa fue la pregunta que la Escuela de Arquitectura de la Universidad Diego Portales llevó a WAVe 2026 – Balance. Different Types of Equilibrium, el workshop internacional organizado por la Università Iuav di Venezia que, entre el 1 y el 17 de julio, reunió a académicos, oficinas de arquitectura y estudiantes de distintas partes del mundo en torno a preguntas comunes. Con el ejercicio “Net-Zero. Inverse Balance”, la escuela fue la única representante latinoamericana de esta edición y propuso una lectura crítica del tema central del encuentro.
La delegación en Venecia estuvo integrada por los académicos Serena Dambrosio y Nicolás Navarrete y los estudiantes Rodrigo Klenner y Florencia Argañaraz –actualmente en intercambio académico en París EAVT–, con la coordinación académica del workshop a cargo de Alejandra Celedón y Nicolás Stutzin.
El punto de partida, propuesto anualmente por equipo curatorial de la IUAV, en 2026 fue el concepto de “Balance”. La Facultad lo tomó desde una perspectiva crítica: la posibilidad del usar el proyecto de arquitectura no como uno que busca la simetría ni estabilidad, sino como uno que cristaliza una relación provisional entre fuerzas que rara vez son iguales y lo reconoce como un lugar de disputa. Desde ahí, se propuso a los estudiantes del workshop trabajar sobre la noción de “balance invertido” (inverse balance), un mecanismo que asume que si la arquitectura en ocasiones materializa asimetrías.
“El balance rara vez coincide con la igualdad. No es un estado, sino una relación provisional, un acuerdo temporal entre fuerzas que permanecen desiguales en su origen y en su destino”, escribe la decana Alejandra Celedón en el libro que fue publicado para la ocasión.¹ Desde esa mirada, la arquitectura no busca eliminar los conflictos, sino hacerlos visibles y operativos, entendiendo el diseño como un proceso continuo de ajuste, negociación y recalibración.
Un ecualizador para la ciudad
Para operar bajo esta idea, el taller adoptó el ecualizador como analogía metodológica. Así como en la producción musical se sube o baja el volumen de ciertas frecuencias, aquí cada grupo debía subir o bajar la intensidad de distintas variables urbanas para tomar posición sobre qué privilegiar y qué silenciar. Esas variables –alrededor de diez– se organizaron en cuatro dimensiones: la logística (las infraestructuras de almacenaje, el movimiento, la energía y el transporte), la económica (la posibilidad de imaginar nuevos modelos productivos), la social (la reparación de dinámicas urbanas rotas y la de la memoria más allá de la rentabilidad) y la ecológica (o el reconocimiento de que los sistemas que confluyen en cada lugar deben ser abordados en profundidad). Así, siguiendo la lógica del ecualizador, cada grupo grupo debió adoptar una posición; si el proyecto arquitectónico está rodeado de fuerzas en tensión ¿cuál promuevo? ¿cómo conversan las preexistencias de un sitio con la posibilidad de un futuro alternativo posible?
En ese contexto, más que respuestas aisladas, lo relevante fue la construcción colectiva de ensayos en torno a un mismo lugar. Cada uno de los seis sitios fue abordado por 2 a 4 grupos, lo que permitió abrir una discusión mayor. Asimismo, el trabajo se desarrolló en cuatro registros —un manifiesto escrito, un dibujo en planta de escala urbana, maquetas fragmentarias a escala de interenciones edilicias y una secuencia de video. Así, cada grupo ponía a prueba la posición que había declarado.
Seis territorios en tensión
Sobre esa base, el taller trabajó con seis casos de estudio en Santiago. Más que espacios marginales, se los entendió como territorios donde se materializan tensiones que hoy atraviesan la ciudad y que, dado su momento actual, permiten repensar un modelo urbano más amplio. El ejercicio no buscaba resolver problemas, sino hacer evidente que es posible tomar posición: que una intervención arquitectónica puede operar como mediadora, empujando la dinámica de la ciudad en una dirección distinta a la que hoy la gobierna.
Data center de Google: Una infraestructura tecnológica de consumo hídrico intensivo, emplazada en un entorno tensionado por el agua. El caso funciona como un punto donde el desarrollo tecnológico se ve obligado a negociar con problemáticas ecológicas y sociales que no pueden quedar fuera. Las respuestas fueron múltiples, desde asumir la multiplicación de estos edificios hasta detener su avance para devolverle el paso a la naturaleza, o intervenir con operaciones precisas para reparar el daño.
En esta edición, coordinada científicamente por Michel Carlana y Simone Gobbo, participaron universidades y oficinas de Alemania, India, Corea del Sur, Francia, España, Estados Unidos, Serbia e Italia —entre ellas Bauhaus-Universität Weimar, CEPT University, Myongji University, École d’architecture de la ville & des territoires Paris-Est, ETSAM-Universidad Politécnica de Madrid y New York Institute of Technology, además de oficinas como LAN, PARABASE, Peris+Toral Arquitectes y FARAGUNA.
La participación en WAVe 2026 permitió proyectar internacionalmente el trabajo académico desarrollado por la Escuela de Arquitectura UDP y fortalecer su presencia en una de las plataformas de experimentación y enseñanza del diseño más relevantes de Europa. Al mismo tiempo, consolidó el intercambio con instituciones de excelencia y reafirmó el compromiso de la Facultad con una formación que dialoga con los principales debates contemporáneos de la arquitectura y el urbanismo.