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Durante la actividad, Ricardo Greene expuso las principales hipótesis de su investigación, destacando que los barrios cerrados pueden entenderse como “islas protegidas en un mar de desigualdad”, concepto que definió como un “archipiélago urbano”. Asimismo, subrayó que estas fronteras no son completamente impermeables, ya que están atravesadas cotidianamente por trabajadores, bienes e información, lo que desdibuja sus límites.
En su intervención, también abordó el concepto de “ética del confort”, señalando que sectores de la élite han transitado desde un compromiso con el desarrollo colectivo hacia formas más individualistas de vida, centradas en el bienestar privado. Este fenómeno, explicó, se traduce en espacios altamente regulados, con normas orientadas a resguardar una vida cotidiana sin conflictos ni estímulos disruptivos.
Por su parte, Rodrigo Cordero valoró el libro como un “acontecimiento intelectual”, destacando su capacidad de problematizar los barrios cerrados más allá de su aparente evidencia. En esa línea, planteó que estos espacios funcionan como laboratorios de una fantasía libertaria, donde la promesa de autonomía y seguridad se sostiene en una intensa producción de normas, dispositivos de control y formas de gobierno.
Asimismo, el académico profundizó en la idea de las “ficciones legales”, entendidas como dispositivos que no solo organizan el territorio, sino que también configuran formas de vida, pertenencia y exclusión. Según explicó, estas ficciones permiten sostener una geografía moral del privilegio, delimitando quién pertenece y quién queda fuera, y estableciendo distinciones entre lo legítimo y lo amenazante.
Finalmente, los invitados coincidieron en que el libro propone repensar críticamente los modelos de ciudad contemporáneos, abriendo una discusión más amplia sobre el tipo de sociedad que se construye cuando la seguridad y el confort se transforman en principios rectores de la vida urbana.